Sam Altman resta importancia al impacto ambiental del consumo de inteligencia artificial
El CEO de OpenAI minimiza las preocupaciones sobre el gasto energético y de agua de la IA, mientras expertos solicitan mayor transparencia.

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, afirmó recientemente que el impacto ambiental derivado del desarrollo y operación de la inteligencia artificial es un tema exagerado, calificándolo como un fenómeno mediático. Estas declaraciones se producen en un contexto donde el despliegue de centros de datos de gran escala ha generado cuestionamientos sobre el uso intensivo de electricidad y recursos hídricos en diversas regiones del mundo.
Especialistas en sostenibilidad y energía han señalado que, si bien la innovación tecnológica es un motor de cambio, es imperativo establecer métricas claras y verificables sobre la huella ecológica de estos sistemas. En México, la creciente demanda de energía por parte de la industria tecnológica ha puesto sobre la mesa la necesidad de que la Secretaría de Energía y la CFE evalúen la capacidad de infraestructura ante el auge de la digitalización.
La postura de Altman choca con las demandas de organizaciones civiles que exigen una contabilidad precisa del consumo de agua, recurso vital en zonas con estrés hídrico. Aunque la industria sostiene que la eficiencia de los modelos está mejorando, los críticos insisten en que la transparencia en los datos es insuficiente para evaluar el costo real de los sistemas de cómputo avanzado.
El debate también toca las políticas públicas en materia de medio ambiente. La SEMARNAT ha sido exhortada a vigilar que el crecimiento de los centros de procesamiento no comprometa los recursos naturales necesarios para la población, buscando un equilibrio entre el desarrollo de la inteligencia artificial y la preservación de los ecosistemas locales.
Se prevé que el diálogo entre el sector tecnológico y las autoridades ambientales se intensifique en los próximos meses. El objetivo, según plantean los expertos, es integrar estándares internacionales de sostenibilidad que permitan un monitoreo constante del impacto real, alejando la discusión de las opiniones subjetivas y centrándola en la evidencia científica.


